Lo que se llevó el día... o atrajo la noche...
Ayer me senté frente al atardecer...
Mágico momento teñido de rosa, celeste, naranjas, rojos...
Cuadro siempre igual ante los ojos de los indiferentes... y siempre tan codificado cuando uno intenta descifrarlo.
Sentarse frente a él, con la mente en blanco... pretender describirlo, sentirte ignorante y falto de palabras.
Ahogarte en emoción de origen incierto.
Sentir la presencia de aquel ser anhelado, su respiración tibia sobre tu hombro... Imaginarlo, casi real.
Crear una historia de amor en ese paisaje, una historia con final sabor a beso esperado.
La piel erizada.
La frescura del pasto en los pies descalzos...
Las cosquillas de la brisa nueva...
La inspiración de las nubes sui generis...
El silencio de la naturaleza en reposo...
Respirar hondo, cerrar los ojos... sentir cómo cada célula recibe el oxígeno.
Exhalar, abrir los ojos... ver el último rayo de sol, sentir las mejillas húmedas... una perfecta soledad y la grandeza del universo sobre vos...












